Por Andrés Mejía
Piamonte
Cabeza
de lobo, cuerpo de pájaro, cola de pez, sociable común, de poderoso vuelo, del
celeste imperio (océano)
Mi
mascota se llama Nerado. Podría decir
que es un perro porque así es su cabeza, pero a decir verdad es un bicho raro
que encontré un día caminando por un bosque situado en una montaña, que
terminaba en un risco gigante y su caída daba al océano.
Omnívoro,
capaz de devorar y destrozar cualquier animal que se cruce en su camino, ya sea
en tierra, aire o en el fondo del mar. Es lo que más me fascinó: su habilidad
de adaptación, ya que puede correr, volar y nadar muy profundo. También le
encanta comer plantas, frutas y verduras. Por eso, decidí un día llevármelo a casa.
Cuando mi mama lo vio dio un grito de muerte y
Nerado se asustó igualmente y echo vuelo
por la casa, hasta que los pude calmar a los dos. Después mi mama se dio cuenta
que es muy amigable y acepto que se quedara.
Es
normal que en las noches le aúlle a la luna, pero suena como un canto de ave. A
veces se enoja mucho y empieza a correr y a volar por todas partes, por lo que creo que se está volviendo loco
conforme pasan los días.
Ayer, por ejemplo, lo encontré comiéndose su
cola. Tal vez sea porque no le he dejado
un lugar para nadar. Así también su pelo y sus plumas se están volviendo feas, como si
envejeciera más rápido.
Lo
malo es que desde hace una semana Nerado ya no vuela y ya casi no come. Creo que lo llevaré de vuelta a su hogar, en
la montaña, a ver si mejora. Creo que lo tiraré desde el risco mañana, para que
al llegar al océano nade por última vez.

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