lunes, 28 de julio de 2014

El último gusto



Por Negger Prada Rincón


Anoche soñé que era soldado y corresponsal de guerra, que viajaba en una avión con otros soldados y que dábamos coordenadas al piloto para que disparara. Todo era muy confuso: el avión se tambaleaba y veíamos estallar afuera los disparos y las bombas.

La verdad, no sentí miedo en ningún momento. Era un honor estar ahí defendiendo a la patria o a  la libertad o a lo que fuera el motivo de nuestra guerra (que sin duda alguna,  debía ser algo importante, ya que estaba convencido de que matar era necesario).

 Recuerdo que todos creíamos que íbamos a morir, y  por eso el piloto descendió a tierra para darnos un último gusto: comer hamburguesas en un puesto ambulante. Mientras comíamos, el resto de nuestra  flota de aviones sobrevolaba la zona en dirección al sur.

Minutos después sólo eran pequeños círculos en llamas, fragmentos de hierro y carne que se precipitaban a tierra a causa de una emboscada enemiga.  Entonces nosotros corrimos al avión, nos subimos y despegamos sin haber terminado las hamburguesas. Pero ya era demasiado tarde: el enemigo huía rápidamente hacía el horizonte, la noche cedía con los primeros rayos de sol, y la muerte, que tanto esperábamos, se iba con ellos.




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