Por Maira Alejandra Quintero
Monchi tiene dos jaulas. Las dos las compró en
una feria de remates. Las dos están vacías. Monchi espera poder utilizarlas
para lo que son: para meter algún pájaro cantor o hámster roñudo.
Ya está
cansada de verlas ahí colgadas sin nada adentro y tiene un plan: va a dejar las
jaulas abiertas con comida para ver qué cae. Está segura que por la noche algún
pájaro entrará y armará su nido en cualquiera de las dos jaulas. Pero bueno, al final se arrepentirá, tal vez por temor o
por pereza, y no hará nada de lo que tenía planeado.
El caso es que las jaulas
seguirán vacías hasta que Monchi venda la casa y el nuevo dueño, después de
verlas y no encontrarle utilidad alguna, decida rematarlas en una feria de
objetos usados. Lo que es una ironía, ya que desde el momento en que las
hicieron, las dos jaulas jamás han tenido nada adentro, aparte del aire invisible
que les corroe diariamente los barrotillos.

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